
vivimos en un mundo en el que prima el orgullo frente a la persuasión
Ya ves, te recibí como a una amante, con las manos juguetonas, pero mostrando los codos por si acaso. E ignoramos nuestros otros planes felices, debido a aquella delicada mirada que dibujaba tu cara. Nuestros cuerpos se movieron al unísiono y se tensaron una y otra vez, dañando incluso alguna parte de tu jardín. No quedó lugar para el perdón, en aquel lugar que nadie conoce, en el que nadie sabe lo que hicimos. ¿Te has corrido alguna vez justo a la vez que él? ¿Es oscuro, lo suficiente como para apreciar tu luz?¿Te lavas los dientes antes de que te bese?¿Echas de menos mi olor?¿ Y es tan audaz como para llegar a convencerte?¿Sientes como si le pertenecieras?¿Y hace que te vuelvas loca, o simplemente medio libre? ¿Y que hay de mi? Me abrazaste como a una amante, con las manos sudadas y el pie en el lugar adecuado. Usamos las almohadas para ocultar nuestras “glándulas felices” al igual que ese leve asunto llamado deshonra que presiona y atenaza nuestras mentes, mientras nuestra carne hace caso omiso moviendose al compás de los acelarados latidos de nuestros tambores. Ya sé que te hice llorar, y también se que algunas veces quisiste hasta morir. Pero realmente te sientes viva sin mí a tu lado? Si es así, síente libre. Si no es así, déjale y vuelve conmigo, antes de que alguno de los dos tenga accidentalemente bebés, y dejemos de ser libres. ¿Te has corrido alguna vez justo a la vez que él? ¿Es tan oscuro, lo suficiente como para apreciar tu luz?¿Te lavas los dientes antes de que te bese?¿Echas de menos mi olor?¿ Y es tan audaz como para convencerte?¿Sientes como si le pertenecieras?¿Y hace que te vuelvas loca, o simplemente medio libre? ¿Y que hay de mi?¿Qué será de mi?